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Remiendo n.1 (barbacana), 2025

Pastel seco sobre loneta

300x375 cm

Remiendo n.2 (Rincón del Diablo), 2025

Pastel seco sobre loneta

560x670 cm

 

Colección Collegium

Curaduría: Aldones Nino 

[ESP]

Textos curatoriales, Aldones Nino

Remiendo n.1 (barbacana)

La “barbacana” — parapeto proyectado para proteger y reforzar los flancos de la muralla medieval — sobrevive hoy como una cicatriz casi imperceptible en la topografía de Arévalo. A lo largo de su residencia en abril, Dandara transformó este vestigio en un punto de convergencia entre la investigación arquitectónica y la memoria colectiva: examinó antiguos planos, recorrió la ladera junto a vecinos que, aunque nunca llegaron a ver el baluarte intacto, crecieron entre las ruinas de la muralla — bloques sueltos donde se jugaba. De esos recuerdos de infancia surgieron relatos sobre cómo la presencia física —o su ausencia— condicionaba rutas, juegos, fiestas de barrio y la propia percepción del límite de la ciudad. El resultado es un “remiendo” monumental que no intenta reconstruir la piedra, sino suturar temporalidades. El pastel seco —preparado artesanalmente por la artista— se infiltra en la loneta en capas translúcidas que sugieren fragmentos de cuarcita expuestos al sol castellano; costuras amplias y pliegues tensos recrean fisuras sísmicas, como si el tejido llevara consigo la presión geológica que alguna vez ejerció la muralla. Al transferir la rigidez pétrea a la maleabilidad textil, Dandara convierte la ruina en piel viva: la barbacana se alza de nuevo, no como bastión militar, sino como una cartografía afectiva que devuelve a la comunidad la conciencia de su arquitectura olvidada. Lo que antes servía a la defensa física se convierte ahora en refugio simbólico, convocando a los habitantes a reconocer, tocar e imaginar de nuevo los cimientos históricos de su ciudad.

Remiendo n.2 (Rincón del Diablo)

Proyectada para ocupar el Rincón del Diablo — tramo suprimido de la muralla que antaño vigilaba el río Arevalillo — esta obra se despliega desde una investigación que propone una arquitectura trazada sobre el terreno fértil de la imaginación colectiva. Dandara parte de las medidas exactas del vacío, previamente cartografiadas, para construir un gesto que no busca sustituir lo que falta, sino reinscribirlo desde el presente. Instalada bajo el mirador que hoy observa el río Adaja — espacio que forma parte del entorno del Collegium, institución cultural donde la artista realizó su residencia en abril — la pieza se inscribe en una zona de tránsito entre el uso público cotidiano y la activación cultural del lugar. En este cruce, el “remiendo” se convierte en un punto de encuentro entre arquitectura, historia y comunidad: un umbral donde las capas del pasado dialogan con los cuerpos del presente. Así como la antigua muralla fue lentamente esculpida por la intemperie, la loneta está destinada a ser modelada por el viento, la luz y la humedad: el clima actúa, mientras el paso del público añade pliegues, dobleces y marcas que transforman la obra en un palimpsesto compartido. En este gesto, la ciudad no solo se recuerda, sino que se vuelve a imaginar.

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